Los jefes de las casas miraron al director ansiosamente para decidir de una vez que acciones iban a tomar.
Habia pasado ya un año desde que comenzó el debate.
El director dejó durante todo ese tiempo que sus jefes argumentarán, discutieran, averiguarán y comprobarán todo cuanto quisieran, aunque él ya tenia la decisión tomada el mismo instante que vió aquel nombre en el Gran Libro de Hogwarts.
Desde la primera vez que Hogwarts abrió sus puertas a los magos y brujas del país, el Gran Libro había sido respetado. Cada año, mediante un conjuro que sólo el director del colegio conocía, aparecían escritos en sus hojas los nombres de los futuros estudiantes del colegio. Así el Comité de ingreso del colegio conocía a sus nuevos alumnos y se procuraba con los datos de todos para poder enviar las respectivas invitaciones.
Cuando se trataba de hijos de muggles era imprescindible que los datos fueran verificados, ya que habia que buscar la manera de dar la buena nueva a la familia muggle sin provocar una catástrofe. Siempre habia sido tarea del Comité el determinar quién (o quienes si el caso lo ameritaba) debian dar la noticia a los familiares del ingreso del futuro mago o bruja.
El Gran Libro habia sido creado por los fundadores de Hogwarts como último regalo. Hecho por los Duendes, los 4 fundadores habian realizado conjuros y embrujos para otorgar vida propia al libro y permitirle sentir la magia en cualquier ser vivo. Solamente era despertado una vez al año por el Director, luego de lo cual volvía a su letargo hasta el siguiente año.
Todo niño o niña cuyo nombre aparecía en el Gran Libro era invitado al colegio, sin excepción. Salvo el caso de Samantha Peake hace muchos años atrás, todo niño o niña hasta ahora invitado al colegio no habia dejado de asistir. Por lo tanto este era un caso sin precedentes. Negarle la invitación a un futuro mago era algo jamás visto en Hogwarts ni en ningún colegio de magos del mundo.
Cuando el director hizo el conjuro para que el Gran Libro mostrara los nombres de los futuros alumnos de Hogwarts llevaba mucho tiempo extrañando un poco de aventura. La paz forjada hace muchos años a base de sacrificios habia sido duradera, muy duradera. La tranquilidad reinaba en el pais y en el colegio. Muchas oficinas del ministerio habian tenido que ser cerradas a causa de la paz reinante. El trabajo de auror ya no era un trabajo envidiable, puesto que más parecían policias de pilluelos y no poderosos magos capaces de hechizos muy complicados. La paz era algo muy gratificante, pero demasiada tranquilidad aletargaba la mente.
Por esto el director se sentía un poco culpable cuando al leer los nombres de los nuevos alumnos leyó el de Kassandra Ryddle. Desde hacia mucho tiempo se sabia que nada bueno traía algo relacionado con el apellido Ryddle. Muchos comités y asambleas reunidos en demasiadas ocasiones habían llegado a la conclusión de que el único mago que podría haber tenido ese apellido había muerto hace muchos años y habia sido el mago más oscuro que jamás se habia visto. El director conocía la historia mejor que nadie, por lo que ver aquel apellido le produjo un leve hormigueo en la nuca.
Ni bien el director informó al comité de los nombres de los nuevos alumnos se armó una discusión por demás tediosa. Ya sabia que los jefes de las casas iban a oponerse tajantemente en un principio en convocar a la nueva alumna. Sabia tambien que luego de unos días los ánimos se calmarian y vendrian solicitando información y consejo. Y finalmente enviarían a algún mago o bruja a averiguar quien era esta nueva alumna.
Luego de todo esto y de toda la información que se proporcionó y de las numerosas reuniones que se hicieron, llegó este día. El día en que debía decidirse si invitar o no a esta alumna en particular.
Entonces el director dijo lo mismo que pensó desde el primer día
-En Hogwarts jamás se ha negado a ningún mago o bruja la entrada o la bienvenida. Incluso áquel a quién tanto temieron fué acogido en nuestras aulas.
-Si, pero en ese momento no sabíamos de lo que aquel mago era capaz. Y vaya que luego mucha gente sufrió por las enseñanzas que recibió aqui. Y no siempre fueron hechas a voluntad - dijo el profesor McMillan.
-Somos nosostros los profesores de Hogwarts menos culpables por no guiarlo hacia el bien? - preguntó el director.
-Podemos enseñar e impartir, pero no gobernamos las mentes y la de él ya venía podrida desde su llegada - exclamó la profesora Mcgonagall.
-Jamás un árbol nace torcido. Es el exterior el que lo tuerce o lo endereza - afirmó el director.
-Sin embargo este nació podrido desde su raíz, y su cepa la llevan todos los de su sangre, como esta niña - dijo el profesor Longbottom
-No se ha comprobado que vengan de la misma línea familiar - argumentó el director
-Pero no puede venir de ninguna otra. La familia Ryddle es una antigua familia de muggles, nunca ningún mago ha procedido de allí. Y no conocemos la historia del mago oscuro para afirmar que no son familia.
-Tampoco podemos afirmar que sea su pariente. Y estará en nuestras manos formar su carácter y temple. Si en verdad tiene parentesco con Tom Ryddle dependerá de nosotros que no siga los mismos pasos.
Cuando el director pronunció el nombre del mago oscuro, todos los maestros se sintieron sobrecogidos pero ninguno comentó nada. El director hacía mucho tiempo les había enseñado que el miedo a un nombre es peor aún que el miedo a la persona en sí. Sin embargo casi era el único que se refería al mago oscuro por su nombre y apellido. En Historia de la Magia solamente se le mencionaba lo necesario, sin llamar la atención a sus actos ni engrandecer sus oscuras habilidades. Tampoco ya nadie lo llamaba El-Que-no-Debe-Ser-nombrado y solamente algunos magos de poca monta lo llamaban Voldemort. La mayoria lo llamaba el mago oscuro. Pero aún perduraba en el recuerdo de muchos las grandes atrocidades que habia realizado y los muchas muertes que habia ocasionado. Esto también preocupaba al director, porque podían relacionar a la nueva alumna con el mago oscuro, pero casi nadie conocía su verdadero nombre, por lo que esa preocupación desapareció tán rápido como vino.
-He decidido que la nueva alumna deberá ser aceptada en el colegio con la misma alegría con la que los demás alumnos son recibidos. Ya veremos en la elección de las casas a qué nos debemos atener - sentenció por fin el director.
El profesor Malfoy de Slytherin sintió como todas las miradas se desviaron hacia él, pero no dijo nada y se retiró justo detrás del director.
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-Hacia mucho que no venías a visitarme - dijo la niña a su amigo
-Es que teniamos cosas pendientes que hacer y el invierno se acerca - se excusó.
-Ah!, pensé que ya no querías ser mi amigo.
-Eres la única amiga de tu tipo que tengo, no puedo despreciar tanto honor.
La niña se sintió halagada por las palabras de su amigo.
-Te extrañé mucho, sabes? eres mi único amigo en esta casa. Ni la Sra ni sus hijos me aprecian como tú, aunque nunca me tratan mal, sólo con un poco de lástima.
-Porque no te conocen como yo y no ven las cosas que puedes hacer.
-Sigo pensando que las haces tú. Desde que aparecistes comenzaron a suceder.
-Esa es una coincidencia. Yo estuve cerca mucho antes de que te dieras cuenta y nunca sucedió nada. Sabes que eres una bruja, no?
-No, no se nada sobre brujas. Mi madre no me habló mucho de eso. Sólo me habló de una carta, una lechuza y una promesa.
-Si me lo contastes. Pero nunca me contastes cuál fue la promesa.
-Ni yo lo recuerdo. Cuando mi madre viene hacia mí me lo susurra al oído pero luego no lo recuerdo.
-Me dijistes que tu madre estaba muerta.
-Asi es - dijo la niña y una pequeña lágrima rozó su mejilla - pero viene hacia mí en mis sueños y me cuida de todo lo malo. Me cuenta una y otra vez que pronto vendrá una carta para mí y entonces mi suerte cambiará.
-Si me lo dijistes. Y que irás donde hay muchas lechuzas.
-Así es, pero no ha sucedido nada hasta ahora.
-Paciencia, todo llegará en su momento.
La niña sonrió y recordó lo que queria decirle a su amigo
-Bueno, ahora veamos... hoy es 14. Dentro de 2 semanas será mi cumpleaños número 11. ¿qué me vas a regalar?
-Lo que te prometí.
-pero como lo traerás si no tienes piernas ni brazos.
-Eso déjamelo a mí.
-Bueno, me tengo que ir, se hace de noche y deben estar buscandome.
-Buenas noches, Kassandra.
-Buenas noches, Nagini.
La serpiente salió por el hueco que habia en la pared y desapareció en la noche.
Kassandra corrió raudamente hacia la casa y se metió por la puerta de la cocina.
Hacia mucho que vivía en esta casa. Su madre habia sido criada de la señora y al morir la habia dejado allí sin más. La Sra no era una mala persona pero si miraba con cierto asco y desagrado a la pequeña, aunque no por eso permitiría que una niña tan pequeña fuera arrojada a la calle.
Le permitió quedarse a cambio de trabajo. Dormía en el mismo cuarto el que estaba con su madre por lo que tenía aún su ropa y demás. En las noches sacaba de una bolsa la pijama de su madre y la llenaba de almohadas para luego abrazarse fuertemente a ella y dormir. Al dia siguiente guardaba nuevamente la pijama en la bolsa cuidadosamente y acomodaba la cama.
No era tan terrible la vida en esta casa. La sra le encargó la limpieza de las habitaciones, ya que al ser más pequeña, podia entrar en los recovecos y limpiar mejor. Lo malo era cuando se cruzaba con los hijos de la sra, y no porque estos eran malos, sino porque la incitaban al juego y a las cosas propias de los niños. Pero ella era una criada antes que una niña y no se le permitía jugar.
Solamente sufría cuando la reprendían por algo. Siempre habia sido muy orgullosa, orgullosa de su inteligencia, de su entendimiento. Aprendía todo más rápido que el resto y entendía todo más allá de lo que cualquiera desearía. Conocía muy bien a todos en la casa. Por eso no le gustaba que la reprendieran.
Entró a la cocina y saludó a Madame Truddy, la ama de llaves.
-Buenas noches, madame Truddy.
-Niña, llegas tarde. La cena ya se sirvió.
-Lo siento. Me conformaré con lo que queda.
-No queda nada - mintió.
-Ni siquiera ese pastel en la alacena?.
Madame Truddy se sobresaltó un poco. Aún no se acostumbraba a que esta niña supiera más de la cuenta.
-No hay ningún pastel, así que vete a tu cama y no molestes más.
-Será cómo usted diga - y un brillo de colera cruzó por sus ojos.
Una hora más tarde Madame Truddy comprobó que, efectivamente, no habia ningún pedazo del pastel que se habia guardado para ella en la alacena. Las cucarachas habian dado cuenta del pastel, aunque de ella solo quedaban los excrementos y el plato lleno de migas.
Kassandra sacó la pijama de su madre de su bolsa y suavemente la puso sobre la cama. Ya no tenia su olor, hacía mucho que no, pero la costumbre de dormir abrazada a ella era muy fuerte. Soñó nuevamente con su madre. Se acercaba a ella y le daba un abrazo de cumpleaños. Luego le daba su regalo: una hermoza lechuza. Luego un viejo al que ya habia visto fugazmente en otros sueños, se le acercaba con una carta de un colegio y finalmente al darle el beso de despedida su madre le susurraba al oido la promesa que debia cumplir.
Despertó asustada, sobresaltada con la idea de que alguién habia entrado en su habitación. Como siempre no recordaba lo que su madre le susurraba.
Sintió un movimiento en sus pies y vió a Nagini arrastrándose hacia ella.
-Buenas noches!, perdona por despertarte.
-No hay problema, que sucede?
-He traido tu regalo.
-Tan pronto?, pero si faltan 2 semanas.
-te lo doy porque no te veré más.
-te irás?
-no yo, tu te irás. Pasado mañana.
-Cómo lo sabes?
-Otro como tú me lo dijo. Te llamarán pasado mañana y partirás. Pero antes deberás recordar que tu y yo somos amigos para siempre. Por favor no lo olvides.
-Jamás. Sin ti habria sido muy infeliz.
-Recuerdalo. También recuerda que en todos los de mi especie siempre encontrarás amigos.
-Gracias. No lo olvidaré.
-Entonces, toma tu obsequio.
-Cómo lo trajistes hasta aquí.
-Eso es un secreto. Abrelo.
Kassandra abrió el obsequio que tenia delante de sí. Era un preciosa snitch dorada.
jueves, 9 de octubre de 2008
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